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sábado, 15 de enero de 2011

Al día siguiente

Un vórtice de imágenes empañadas por etílicos
son mi posdata a los puntos suspensivos
o al talento de la noche
que sabe como borrar recuerdos.
Apártalos, quita esas
manchas de mí.
Siembra las sonrisas
las voces detrás de mi espalda
cuídame.
Jamás me dejes como
anoche
sin estrellas
o paseos en el bus.
Deja de ver la ventana,
ponte a la altura de mis ojos
mírame.
¿Sientes cómo te necesito?
Dame un beso en la frente
pasa tu mano en mi cabello.

A la luz del día
podemos cantar o besarnos, que
más da.
Te amo a lúgubres despedidas,
o sombras impares.
Bordea mi alma, quitame esencia
róbame aliento
respira conmigo.

Quiero ver que pasa el dia siguiente.

jueves, 13 de enero de 2011

Luces & agua

Camina solo, mira las gotas de lluvia
las luces
las nubes atiborradas de recuerdos.
Mira mis manos como buscan
mi cabello, como
lo echan por detrás
de mi frente
en frente de las luces.
Míralas llenas de naranja
de naranja dulce
y borroso.
Mira el viento como juega
con los cables
como hace bailar arbustos.
Mira mi sombra como
se extiende al
rocío de gotas
partidas
perdidas entre mi mundo
lleno de luces y agua.

lunes, 10 de enero de 2011

Carta de despedida

Te fallé, lo siento. Quise cambiar las desdichas tuyas por mis alegrías y terminé arrastrándote al mismo abismo donde siempre he vivido. Soy una ausencia, la más larga sombra en el boulevard menos congestionado de rostros, de luces, de vida. Quise ser siempre un héroe en la historia, un final feliz; quise ser las vivencias, una epígrafe a tu carisma, tal vez... me excedí. Llené la copa de mi amor, la derrame por la misma mesa en dónde hemos compartido caricias y perlas, que más bien resultan ser una lágrima cristalizada.
Hice trueques. Cambié siluetas que he venido recolectando a manera de mujeres, las hice reír, les compartí un poco de mi esencia pero jamás les di ese corazón vivaz de ti, embriagado de nosotros, empecinado en hacer surgir la llama del amor en que nos arropamos, la confianza que solíamos pedirnos por la madrugada y ese sentir en el pecho que aún no sé con certeza que me quiera decir. Tal vez con esto tengas la respuesta a muchas de tus preguntas que yo no sabía como resolver a manera de dibujar una luz en tu sonrisa. Siempre fui tuyo.
Puede que antes de conocerte siempre te haya buscado, sin saber que tendrías ojos luna o piel a manera de pasarme las horas pegado a tus mejillas. No sabía que tendrías tantos ojos encima, tantos fantasmas de tu pasado o promisorios ángeles en tu mañana. Nunca pasaron en mis predicciones los sentimientos que ahora escriben esta carta, ni las comas que sentaban vacíos en mi corazón o los paréntesis de tus mentiras que bien podrían ser un cuidado a mí o un epílogo a mi.
No sé, creo que tendré tiempo de sobra para sobrepensar las interrogativas a tu imagen y acción. Procuraré por ti sin pretensiones, a lo lejos. Quizá a la sombra de un árbol o de una pantalla, pero eso sí, jamás sabrás quien te ayudó. Borraré de ti mis memorias con ayuda del tiempo, los días que te dediqué y los viajes. Ah, ¡cómo debo de borrar eso en especial! Las ventanas por dónde íbamos asomando nuestras intuiciones o las puertas que juntos cruzábamos de la mano. Borraré mis promesas.
Quitaré mi sangre del pavimento, las letras en las servilletas, mis dedos en tu cuerpo. Mis caricias, mis bebidas, mis tabacos al frío del atardecer. Ratificaré estrellas, las devolveré al cielo donde pertenecen y dejaré de enclaustrarlas en escritos para ti, como solía hacerlo.

¿Por qué lo hago?
¿Por qué despedirme ahora y para siempre? Es sencillo.
A cierto punto el corazón se desmorona en virtud tu sonrisa desaparece de tu lindo rostro. Resulta ser que el corazón que se desmorona es el mío, no ya el tuyo que, grande, regala alegrías a quien tú decidas. Mi corazón está al borde del camino.
Ya sin júbilo o ganas, o Benedetti o diecinueves. Ya nada lo puede reparar y temo decir que tú tampoco.
Te prometí jamás me iría y no lo haré, me voy sin dejarte. Me muero sin haber vivido.
Es fácil, ya no queda más de Viore.
Por eso hoy terminé de escribir mis despedidas.

domingo, 9 de enero de 2011

Agostos

A pesar de mis dieciocho octubres
o amados abriles
pintados de optmismo
de lunas inciertas
pero grandes,
Iluminadas
o de esas
ventiscas llenas
de hojas al otoño
o mis consentidos
fríos decembrinos
o las luces de enero
o el amor de febrero.
A pesar de mis noviembres que
huelen a tu
aniversario de vida
o mis marzos de eterna
primavera
o el verano
o mis días que
invento extras.
A pesar, de todo ello
mi sentir quedó arrollado en
un agosto.

Para ser exacto un veinte
después de 6 días de
renombre d i e c i n u e ve
en el calendario de mis
suspiros
o esperanza
Da lo mismo

Quiero acertar en tu corazón
clavarle mis memorias
encenderle fuego
arroparme en la llama
de tu cariño
y quedarme ahí
tomando tu mano
con el anillo puesto.

Mis agostos.

Niña roja

Una noche será la despedida
quizá del místico número nueve
o sus bienaventurados derivados
del cinco o veinte.

A lo mejor te recuerda algo
un anillo
12 flores rosas
una paleta de sandía
o algo más serio
más acá,
como le decíamos.
Mi corazón entero
y con ello mis promesas
mis llantos en la madrugada
el tecleo diario para
celebrar tu imagen
y todos esos sabores que
tengo de ti.


Sí, mi niña roja
hoy te escribo a ti.
No con ánimo de
lúgubres despedidas
o taciturnos hasta luego´s.
Te escribo con la tinta de mi
llanto en interrogativa
de ese signo que se cimbra
sobre mis hombros
y pesa
pesa mucho.

Déjame llorar.
He escuchado que mis lagrimas
son perlas
y con ellas podría hacerte un
collar
de bienvenida
en ese algún día
que juntos palpamos
con nuestros dedos aquella
noche de Da Vinci.


Podríamos jugar también
a Bellas Artes,
quizá intercambiando perlas
por sonrisas al atardecer
o ráfagas de viento
para peinar tu
carisma.

Espera, mi niña roja.
Vendré por ti
algún día 19.