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viernes, 19 de noviembre de 2010

Un día más, un día menos.

La rutina es incómoda, encuentra cualquier sonrisa inédita para palparla en sus lúgubres horarios y les quita la razón de ser. Hoy fue uno de esos días en que pensé mucho sin llegar a nada, fue el sol de media tarde lo que más recuerdos me trajo, quizá de hace exactamente 9 meses. Día en que llegué sin esperar nada y salí con algo que hoy en día puedo seguir sintiendo a pequeños lapsos de tiempo pero con resacas de frustración y nostalgia. Hace ya 272 días que te había visto llegar con todas esas luces de la noche, con un tapiz en el cielo atiborrado de estrellas, con la luna de confidente y compartiendo por primera vez esas pequeñas complicidades nuestras. Vaya, es frío y triste hablar así. Hablo cómo si ya no tuviera ni amistad a distancia con Sharon, pues creo que aún quedan vivas unas cuántas razones para sentirme encariñado con ella.
La única variante de hoy, y tal vez ya no use "un día más" sino un día menos, fue el hecho de sentirme meramente digno por estar ahí sentado a lado de Ann, cohibido por las palabras que últimamente le he regalado y puesto a su esencia. Cambié de un simple Ann a un ANN en mayúsculas precedido de ese sentimiento que engrapa una sonrisa de codo a codo en tu rostro, sólo para después sentir esas intrañables mariposas en el estómago.
Hoy me dijo -te extraño, aún cuándo estaba a su lado. No sé que suponer ni qué hacer con esas palabras. Si bien podrían ser correspondidas a mi acto de declaración de sentimientos, también podría ser una consolación al saber mi último relato de desamor. No sé si hoy fue un día más o un día menos.

Sólo estoy conciente de que estoy feliz por Ann y desolado por Sharon.

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