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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pláticas de sol

Me acuerdo una tarde de Bellas Artes, dónde una cuchara hacia sonarse contra la porcelana de una taza de café, el sol entraba por un ventanal rústico y las épocas patrias se sentían a flor de piel. Recuerdo cómo de repente entraban livianas ráfagas de aire, la imagen que se veía a lo lejos de una alameda casi siempre viva, el crepúsculo que ponía matices anaranjados en nuestra piel y la tez de Sharon. Sharon, cómo me acuerdo de esas pláticas de sol dónde parecían las palabras jamás terminarían más que en silencios que más bien parecían un eufenismo a mi nostalgia.

Hoy no fue un día así. Pasado el medio día te vi y en seguida extrañé ese sentimiento en el vientre que termina con una sonrisa, mis labios por primera vez no buscaron los tuyos y ni siquiera me rompí en arrepentimientos. Te veía, encontraba miradas tuyas, pero ya nada es igual. Mis pláticas contigo son a manera de amigos, mis caricias, mis abrazos, mis besos en la mejilla, mis cortesías, mis enojos, mis frustraciones y delirios. Todos ellos son para ti, sí. Pero lo son de una manera en que lo son para muchos. Creo que ya la desdicha que venía evadiendo de mi mente por fin hoy me ganó. Ya no tengo más que darte, ni tú que prometerme. Llegamos al punto en dónde las pláticas de sol son silencios sin sentido, son soliloquios secos de carisma, las sonrisas pesan como monotonía y ya no quiero tomar tu mano.

Cómo extraño esas antañas pláticas de sol, dónde todavía había sol.

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